Pensé que decias la verdad...

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-Que yo te necesito. Que me he tirado toda la tarde llorando por tu culpa. ¿No te das cuenta, Black? Que si no estas tú, yo no puedo seguir. ¿Con quién salgo? ¿Con quién ahogo mis penas? ¿Con quién lloro si no estas tú? ¿Qué coño quieres que hagas sin ti?
Se quedó pensando lo que a mi entender fueron unos larguísimos minutos.
-Que tal vez me hagas daño. Pero no me importa, siempre que estés a mi lado.
Tony levantó la cabeza y me miró con aquellos ojos que todavía pueblan cada uno de mis sueños.
-Me quedaré. Me quedaré por ti. No te voy a dejar sola. Te lo prometo.
Me tendió su mano sin apartar la mirada de mis ojos. Sonreí levemente, con la sonrisa cansada que caracteriza a quien sonríe entre lágrimas.
-No me pongas gestos de película. No estoy para romanticismo, idiota.
Pero cogí la pálida mano que el me tenida. Tiro de mí y me estrello contra su pecho, hundí la cara en el hueco que siempre había para mi entre sus brazos.
Cuan ingenua fui, pues pensé que decía la verdad.

No te marches...

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-Ódiame, mátame, trátame como a la mayor mierda del mundo. Pero no me ignores. No te alejes, por favor. Tony, no te vayas. No lo hagas. No te vayas y vuelvas. No me hagas creer que ya no te quiero para luego volver y derruir de un solo golpe mi castillo. Por favor....

Pero él se fue, y quizá no debí decírselo nunca. Porque si ese día, me hubiera callado, si no le hubiera dicho que no se fuera para luego volver. Si no hubiera abierto la boca esa noche, el habría vuelto y estaría entre mis brazos. Como aquella noche en la que supe que le amaría más allá de mi locura.

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Y bastó un instante. Un segundo. Una palabra. Para darme cuenta de que aun seguía ahí. De que Will, no se había marchado, no había desaparecido como lo hace el frio durante el invierno. Porque cuando me miró con esos ojos negros, sentí que esa barrera que había impuesto alrededor de mi cordura, se derrumbaba como si se tratara de una simple muralla de arena.
Porque eso era el, un mar. Un océano inalcanzable. A fin de cuentas, cuando escribía sobre el vaivén de las olas, pensaba en Will.