Dulce descanso, hijo mío.

| | 1 susurro(s) al oido


Escribir es para mi el mas delicioso de los placeres, Harry. Oír la pluma moverse al compas de la música que ha decidido mi alma ponerme ese día, un cumulo de perfecciones. Y errar, Harry, adoro errar y tachar lo ya escrito.
¿Ves como se mueven las letras al compás del macabro vals que marcan aquellos muertos cayendo? 1, 2, 3… 1, 2, 3…
¡Mira cómo se desploman en el suelo, cómo lo que son, mera carne muerta! ¡Mira cómo llenan el suelo con sus vísceras! ¡Observa cómo manchan este manuscrito, Harry!
Disfruta con mi mismo placer el sádico espectáculo que se abre ante tus ojos. Júzgame cruel, grita como lo hicieron ellos, malgasta tu ultimo halito en un alarido que nadie, salvo mis viejos oídos, alcanzara a escuchar.
Acéptalo, hijo mío. Todos acabaremos así, victimas de una muerte que nunca aceptaremos como nuestra. Tenerla como amiga, Harry, no cambiara nada pues nos llevara igual.
Huye de ella, intenta escapar, vende tu alma. Ríndele culto. Santifícate. Haz lo que te venga en gana, hijo mío, pero recuerda que acabaras como uno de estos cuerpos vacios. Ella vendrá y te arrastrará hacia la más profunda oscuridad, esa que tanto temes ahora, Harry, se te antojara dulce descanso.

Pensé que decias la verdad...

| | 3 susurro(s) al oido

-Que yo te necesito. Que me he tirado toda la tarde llorando por tu culpa. ¿No te das cuenta, Black? Que si no estas tú, yo no puedo seguir. ¿Con quién salgo? ¿Con quién ahogo mis penas? ¿Con quién lloro si no estas tú? ¿Qué coño quieres que hagas sin ti?
Se quedó pensando lo que a mi entender fueron unos larguísimos minutos.
-Que tal vez me hagas daño. Pero no me importa, siempre que estés a mi lado.
Tony levantó la cabeza y me miró con aquellos ojos que todavía pueblan cada uno de mis sueños.
-Me quedaré. Me quedaré por ti. No te voy a dejar sola. Te lo prometo.
Me tendió su mano sin apartar la mirada de mis ojos. Sonreí levemente, con la sonrisa cansada que caracteriza a quien sonríe entre lágrimas.
-No me pongas gestos de película. No estoy para romanticismo, idiota.
Pero cogí la pálida mano que el me tenida. Tiro de mí y me estrello contra su pecho, hundí la cara en el hueco que siempre había para mi entre sus brazos.
Cuan ingenua fui, pues pensé que decía la verdad.

La ramera

| | 3 susurro(s) al oido

Un día. Un año. Un lustro. Le dije que la esperaría mas ella estaba cegada por los encantos de aquel estúpido. Cuando los vi, uno en los brazos del otro, gimiendo sin importarles mi presencia.

No se porqué hice lo que hice, quizá la rabia me dominó, quizá los celos me movieron o tal vez fue, y probablemente sea la mejor opción, la impotencia de llevar el corazón en la mano para entregárselo a aquella vulgar ramera, que ahora yacía con otro sin dejar de jurarme su amor.

Mientras les veía retozar como animales todo se volvió oscuro, la vibrante luz de las velas se volvió tintineante, la escasa luz que entraba por las rendijas de las ventanas iluminaba únicamente el lecho. Seguían sin inmutarse en mi presencia, así que con rabia y placer absoluto atrapé las velas y las coloqué tumbadas alrededor de la cama.

Me eché hacia atrás, pegando la espalda a la pared y disfrutando del siniestro espectáculo que ante mí se representaba.
Los gemidos de ella, pronto se transformaron en gritos de horror, se incorporó en la cama e intentó, en vano, salir del circulo de fuego que cada vez se cernía mas sobre aquellos impuros amantes.

Me excita pensar que lo ultimo que vio esa estúpida fulana antes de morir consumida por las llamas, fue mi rostro, iluminado en un claroscuro infernal por el fuego que alimentaba mi odio.

Recordando tu ausencia ante el espejo.

| | 1 susurro(s) al oido

Era una tarde bonita. Caminábamos juntos, él llevaba una mochila negra. La luz del Sol se apagaba a nuestro paso, inundaba todo en tonos cobrizos. Llegamos a nuestra cabaña. Esa que habíamos construido de pequeños, nuestro refugio. Allí no había espacio para la tristeza, mas sí para las lagrimas. No había que fingir.

Cuando llegamos me dijo que esperara fuera, que me diera un paseo por el bosque. Ese que se abría ante la humilde casita. Ambos nos conocíamos ese bosque como la palma de la mano, no en vano nuestra infancia la habíamos pasado allí.

Pasaron las horas, la Luna ya reinaba en el cielo y empezaba a impacientarme. Los pájaros que me habían acompañado durante la tarde en mi obligado paseo por el bosque ya callaban y tan solo se podían oír a los grillos. Decidí que no podía esperar más que si no tenía lo que estaba haciendo, sea lo que fuere, me daba igual.

Cuando llegué a la cabaña, Will me esperaba en la puerta, iba exactamente igual que cuando le dejé. Un par de quemaduras en la camiseta blanca y el pelo totalmente revuelto. La imagen de un elfo imperfecto. Y a su lado, miles de velas iluminando tenuemente la cabaña y los alrededores. Con la suave luz y el tintineo de las velas, él parecía aun más hermoso.

Entre en la casa de su mano y delante de mi pude ver un espejo. Un espejo precioso, con el borde de madera oscura. Un espejo de pie, no muy grande. Nos reflejábamos los dos, él con su pelo rubio y revuelto como si hubiera metido los dedos en un enchufe, y yo, con mi vestido blanco y mi pelo largo, castaño y totalmente normal.
Sus ojos destilaban una nerviosa alegría, brillaban de felicidad. Me puso delante del espejo, permanecimos en silencio, yo observándome en aquel espejo de cuerpo entero y Will sin reflejarse, mirando mi reacción.

De repente, se puso detrás de mí, rodeando mi cintura con sus brazos y apoyando su cabeza sobre la mía. Sonreímos a la vez, impacientes por experimentar más de ese sentimiento que era nuevo para ambos.
Ahora los dos estábamos delante del espejo, abrazados sonriendo. Sentí que me pegaba mas a el y me besaba la cabeza.

-Siempre que te mires en el espejo, acuérdate de mí. Recuerda este momento. Recuérdanos así, abrazándonos y sonriendo-hizo una pausa, le estaba costando a horrores decirme eso, se le notaba-. Porque si algún día, nos separamos. Este espejo te recordará que siempre serás mi chica.

Me quede observando nuestro aspecto, absorbiendo cada detalle. Nuestra ropa, nuestra sonrisa. Nuestro mirada infantil llena todavía de inocencia. No se cuanto tiempo estuvimos así, quietos, en silencio, tan solo mirándonos en aquel espejo, tan solo se que en un momento dado me gire y le bese. Le bese dando todo en ese beso. No fue solo el contacto de unos labios, fue el pacto de no olvidarle jamás.
Esa noche dormimos juntos, entre besos y palabras de amor sellamos nuestro futuro.
Ahora soy yo la que se esta mirando en el espejo, pero estoy sola, ya no hay nadie a mi espalda. Viéndome ahora, con mis medias rotas y mi camiseta ancha, no se reconocerme. Las lagrimas están cayendo por mis mejillas, mas no se si por alegría o por tristeza. Hoy delante del espejo recordando aquel primer día, te sigo echando de menos.

Tic..........Tac.

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Tic, tac, tic, tac. El sonido del reloj repiqueteaba en mi mente. Recordandome que con cada segundo que pasaba, mi vida se acortaba un poco más.
Ante mí todo aquello que no hice, todos los suspiros, todo eso de lo que me arrepiento.
Y la única vida que he tenido, pasa delante de mí. Los mil errores que cometí siguen encerrandose en mi mente y parecen estar dispuestos a no irse jamás.
La desesperacion de que aquellos sueños que inventé nunca lleguen a cumplirse, oprimen mi corazón y no me dejan dormir. Fuera llueve, una lluvia fina y pausada que apenas hace ruido. Lo único que alcanzo a escuchar es el tic, tac, del viejo reloj que hay al final del pasillo, junto al espejo que Él me regaló.

Sábanas Sudadas.

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El corazón acelerado. Sus labios sobre los míos. Hacia calor. La Luna se filtraba por entre los cristales dando a la habitación una perfecta iluminación tenue.
Con delicadeza y entusiasmo cogí su mano y la acerque a mi pecho.
-¿Lo sientes? Es tu culpa, simplemente tu culpa. Te amo.
Y comenzó a besarla.
Rodeo su cintura en un dulce abrazo. Toda la pasión se había ido, desapareciendo lentamente entre los pliegues de una historia sin final, sin mas trama que un encuentro ajeno y lujurioso de una noche que podría haber sido, pero solo se quedo dormida.
El astro rey comenzó a colarse en la habitación iluminaba los cuerpos, aun cubiertos. Por fin, la mañana llegaba. Y con ella la despedida. No dieron nombres, ni edades, mas si un numero al que ninguno llamaría, porque en realidad no era necesario... Ambos sabían que sus caminos volverían a cruzarse. Los dos sabían que sus ojos se buscarían en todos y cada uno de los bares, así hasta volverse a encontrar.



Rubén de Haro - Carlota Thifword.

- El 5º-

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Primera pagina:
Despertar


Vagando mi alma en pena por estas cavernas infinitas, tan solo las llamas eternas iluminan mi rostro; mí mente, expuesta a los gritos desgarrados que la eternidad arranca a los aquí censurados, recuerda el tiempo en que ambos vivíamos rodeados de acero, tiempo en que los dos éramos camaradas.
He de mencionar que no te guardo rencor, sigo aquí ocupando tu vacante en el olvido, y aun te considero mi amigo.
Se enmarcaba una noche fría y despejada tras un día soleado y de alegría. Me sacaron a rastras de mi casa en plena noche y la sangre de mi familia ya salpicaba la fachada, sus cuerpos tirados en el suelo como trapos viejos y ajados, carecían de vida o expresividad alguna.
Mi suerte, más amarga que la suya, no fue la muerte puesto que no me fusilaron. Me cubrieron la cabeza con un saco de tela áspera, me ataron las manos a la espalda y me apalearon hasta que mis dientes quedaron atrapados en el saco de gruesa tela junto con la sangre que brotaba de mi nariz salpicando el tejido y empapando mis labios. Aun rebotando el acero de un casco contra mi cráneo, entre empujones, pateos e insultos me hicieron subir a lo que mi mente dedujo como un camión.
Tres curvas a derechas, dos a izquierdas y un brusco frenazo cuando el vehículo se detuvo, golpeándome la nuca con un objeto pesado y romo me hicieron caer tras el topando con el pecho, rostro y rodillas en un suelo seco, frío y empedrado. Me levante poco a poco sintiendo el peso de mi familia sobre los hombros, que aplastaba mi pecho contra el pavimento. Mi vida había desaparecido, no existía nada que pudiera importarme y aun así, unas lágrimas ácidas y dolorosas recorrieron mis mejillas fundiéndose con al mugre y la sangre. No volví a desterrar mi dolor de aquella forma ellos no lo habrían querido así, desterré las lágrimas y las sustituí por odio y desprecio.
Cuando me sacaron el saco la luz amarillenta de una bombilla rodeada de moscas que la observaban como buitres a un cadáver pútrido y hediondo me cegó, pasaron unos segundos hasta que mis ojos negros se adecuaron al resplandor y una mano huesuda se paseó espanto las moscas.

- ¿Le molesta la luz, Señor Warner?

La estancia se mantuvo en silencio unos instantes mientras el sujeto seguía oculto en penumbra esquivando los rayos de luz, de nuevo la voz seca y burlona serpenteo en mis oídos.

-No entiendo que rehúse a colaborar por el bien común de nuestro país, aun así ruego disculpe la brusquedad de mis hombres…

Mientras sus palabras se resbalaban entre sus dientes y se desparramaban contra el suelo sentí como suavemente y con completa quietud me quitaban los calcetines.

-No era nuestra intención asustarlo.
-No estoy asustado. (Mascullé a la vez que intentaba tragar saliva carmesí)
-Debería Señor Warner, debería…

Concluyendo la frase una avalancha de agua helada y trozos de hielo me golpeó la nuca.

-Bien veo que ya esta listo. ¿Dispuesto a colaborar?
En realidad no importa.

Me lanzó aquellas palabras a la cara, mientras que las mismas manos que casi parecían de ángeles se habían tornado afiladas y puntiagudas cual tijeras que cortaban poco a poco la circulación de mis tobillos con unas correas de cuero salpicadas de remaches.
Pasaron los segundos, los minutos y me atrevería a suponer que las horas mientras que las preguntas se confundían con mis gritos, mis quejas y el chisporroteo de los electrones quemando mi piel.
Finalmente confesé, no recuerdo mis palabras ni tampoco sus preguntas, yo un hombre de bien, criado en un pueblo pequeño y poco poblado acababa de confesar tres asesinatos y cinco violaciones, incluso inventé los sucesos y las persecuciones que habían tenido lugar antes de devorar el alma de mis víctimas, describí con todo lujo de detalles delitos que solo parecían ser posibles en las novelas radio transmitidas. Entre burlas y maliciosas quejas aquella mano espantamoscas me condenó a muerte.
Pase aun varias horas inmóvil atado a la silla, inmerso en un sueño alejado de aquella realidad en el que corría por la calle intentando escapar de un ser invisible, Abría dado mi vida liada en una sabana por mantener aquella pesadilla eternamente, al menos allí encerrado en mi mente aun quedaba esperanza.
De nuevo agua y hielo, abrí los ojos con la sensación de tener los párpados tallados en mármol y descubrí, aliviado, libres mis muñecas y tobillos.
Pese a lo que muchos piensen cualquier inténtento de escapar abría sido inútil y tan solo abría servido para avanzar las manecillas que marcarían la hora de mi muerte.
Me trasladaron a una celda, en la que mi única familia serian el acero y la piedra,
Pase largo tiempo allí encerrado pasando los días recostado en el tablón de madera que hacia las veces de cama observando las figuras que mi mente adormecida dibujaba en el techo, durante las noches dormía placidamente recorriendo mis pesadillas bajo la atenta mirada de las cucarachas que casi parecían aliviadas al divisar mi sueño.
Pasaron los días, las semanas sin llegar a ser meses, y tras tanto tiempo sin ver más seres que los insectos y mis recuerdos, apareciste tú, sonriente y golpeado atravesaste la puerta de barrotes, me miraste con un brillo mortecino en el fondo de los ojos y te sentaste en la esquina opuesta al camastro. No diste un nombre, una seña o un apodo aun así, en ese instante en que el hielo enblanquecia tú mirada y la piedra de mis parpados se resquebrajaba, supe que nuestra sangre se uniría de uno u otro modo.


Rubén de Haro Nuñez.

Comienzo.

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Una figura entró en la habitación. Una capa blanca con el borde azul cielo, rodeaba el cuerpo del hombre que había entrado. Bajo la luz de la taberna podían distinguirse unos ojos que miraban y atravesaban el .
Instantáneamente, la gente de la taberna bajó la voz y se encogió.
El recién llegado se sentó en un taburete en la barra, apartando con majestuoso gesto su capa y haciendo ondear su larga melena, la cual, a pesar de ser gris, no concedía a su aspecto edad, mas si presencia.
Su mano, enguantada en hierro, se apoyó en la barra e inmediatamente, el tabernero se acercó a tomarle nota. De los labios de aquel imponente hombre, fluía una voz de grave, que transmitía tranquilidad. Cuando hablaba era imposible no fijarse en los carnosos labios que se movían sugerentemente, incitando a ser besados.
Detrás de su gran presencia, podía intuirse una persona seria y callada. Pero también divertida e inocente. Se veía un hombre bueno.
Parecía absorto en su vaso de aguamiel. Sin centrarse en nadie más.
Me levante de la mesa y me calce el sombrero, mi cabello pelirrojo ondeo tras de mi, salí de la taberna sin oír otra voz que no fuera la del tabernero, que se quejaba por haber dejado la cuenta sin pagar.

\___~º~___/

Me giré lo suficiente, como para ver únicamente un destello rojizo, y el filo de la capa de la mujer que llevaba mirándome desde que había entrado en la taberna.
El tabernero comenzó a proferir maldiciones y calificativos poco apropiados para definir a una dama, mi honor me instaba a retar al caballero mas, considerando que ese hombre me servia comida y que estaba en su hogar decidi atajar el problema de otra forma. Lancé mi mano hacia el cuello de la raida camisa del tabernero y le acerque a mi.
-Relajese bueno hombre, yo pagare la cuenta de esa hermosa dama-le dije con una sonrisa, poniendo mi mano en el hombro de aquel hombre. El sonrio complacido y asintió. Intentaria sacarme unas monedas mas que a ella, pero yo podía permitírmelo.
-Muchas gracias, señor. Muchas gracias. Esa zorra siempre se va sin pagar. Dicen que no tiene dinero pero todo el mundo sabe que es pariente lejana de la reina.
-Disculpe, buen hombre-mi voz sonó dura, con una amenaza encubierta por mis palabras y mi cercanía-. Pero considero que el adjetivo de ‘’zorra’’- pronuncie la palabra con asco, nunca me había gustado proferir insultos contra nadie. Todo lo que tuviera que solucionar lo podía solucinar mi espada en un lance de honor-, no es forma de referirse a una dama. Sea cual se su procedencia.

Naufrago

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Pobre sol, pobre Luna. Triste historia la suya. Olas, dulces olas que acarician la piel y me traen el olor a sal, ese olor que tanto me recuerda a tu ausencia.

Llevo ya tres largos meses aquí, subsistiendo a base de frutas y pescado. La vida aquí me parecería idílica en este isla, mas sin ti,dulce diosa de marfil, que iluminabas mis noches, la luz del Sol me quema, la Luna me impide pensar con claridad porque me recuerda tu mirada. Las estrellas ahora guían mi camino en la inmensidad de la noche, cuando por fin vuelvo a mi refugio. Lo construí hace un mes, cuando llegue a la isla y asumí que probablemente estaría mucho tiempo aquí.

Cada día salgo a pescar e investigo un poco mi territorio. Poco a poco, con mis escasos conocimiento sobre cartografía, voy confeccionando un mapa. Ya tengo los sectores sur y sureste casi terminados.

Si os parece bien comenzare a contar lo poco que recuerdo de mi naufragio.


To be continued...(Creo)

Carlota Thifword [La Ladrona de Palabras]


La chica de los ojos negros ya no quiere vivir

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Como la Luna que reina sobre la oscura noche para hacerla menos lóbrega.
Eso era ella, reina de lo oscuro pero brillante y pura como la misma luz del astro rey, cuando caminaba por aquellos tétricos suburbios con su resplandeciente vestido blanco.
Los mendigos se le quedaban mirando. Los mas mayores con adoración como si de la Virgen en la que creían se tratase. Los jóvenes, en cambio, la miraban con deseo y lujuria. Podría llevarse a cualquiera de ellos con ella a la cama. Pero Roxanne no era así, ni mucho menos. Ella se reservaba para alguien mejor,para el amor de su vida.
-Pequeña ilusa-susurro a su espalda con desprecio una voz. Justo antes de que unas recias manos la atraparan contra una pared y le taparan la boca con fuerza,para impedir que un grito saliera de sus labios-¿Me recuerdas,reina? Porque yo a ti si,claro que si.¿¡Como olvidar lo buena que estas,con esa piel de porcelana y ese pelo negro como la misma noche?
Sus manos se deslizaron por encima de uno de sus pechos y desde ahí desgarro por completo el vestido.
El comenzó a resoplar, no sin antes dejar totalmente desnuda a Roxanne.
Y allí,en un sombrío callejón de la ciudad,la violo tantas veces como le fue posible hasta que su miembro no pudo mas y tuvo que marcharse, dejando ahí a la chica mas hermosa que el mundo había visto nacer, llorando lágrimas sazonadas en el mas absoluto dolor que un ser humano ha podido soportar,el perder la dignidad y el amor propio.
Porque ella sentía que vivir no merecía la pena.





''Y la luz volvió a salir, y el Sol volvió a brillar, pero no para la chica de los ojos negros. Porque ella no volvería a ver el sol.''




The Thief Of Words...

Yo te quiero.El no.

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-Joder,de verdad que no podeis imaginar lo que jode enterarte por tu mejor amigo que tu novia te los esta poniendo como para tener que agacharte cuando pasas por una puerta. Sera puta,tiene huevos¿verdad? Le das tu amor y tu polla y te lo paga asi,¿a que no podeis imaginarlo? Yo tampoco la verdad. Tranquilos tios,tengo a Carlota demasiado exatasia conmigo y con mi amiguito como para tener que preocuparme. Ya sabeis,chavales quien lo prueba conmigo no puede parar,si es que las vuelvo a todas unas ninfomanas...
-Si,Joe,ya sabemos los bueno que eres... ¿Por que no cierras la boca y te pajeas pensando en ti mismo,eh,capullo?
-Oh,mejor¿por que no la llamas para que te la chupe un ratito?
-No,me jodas,Rockie. La voy a dejar un poquito que esta con sus clases de escritura...
-Ya,eso es porque te estas amariconando.
Joe le dio un golpe a Mike.Probablemente le saldria un buen morado. Se paso una mano por el pelo,y se bajo las gafas de sol,sin abandonar esa postura arrogante y chulesca.
\____~~~~____/
Las ventanas del coche estaban empañadas,tan solo se oia el gemido de una mujer y la melena pelirroja de otra. Un gemido tras otro,jadeos,suspiros. Besos,caricias,abrazos, sexo.Mucho sexo.
Llego un momento en que las dos estallaron en un profundo gemido de placer absoluto, ambas respiraban entrecortadamente, se abrazaron de manera que sus curvas quedaron totalmente unidas, se besaron un poco mas.Pero sin llegar a la pasion de antes.
-¿Le dejaras algun dia?-le dijo la morena en un susurro ronco-.
-No puedo,cariño...Es el que mantiene mi vida,no tengo casa si no es la suya.
-Yo podria dejarte la mia,podria mantenerte hasta que encontraras trabajo...
-Lo se, amor mio, lo se. Pero no puedo de verdad.
-Yo te quiero, Carlota,el no...
La chica morena rompio a llorar en silencio dejando que las lagrimas rodaran por sus mejillas y pasaran a las de la chica que amaba. La brillante Chica Peligro. La brillante Chica Peliroja.


Dana,Juliette,Rosa..

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Rodeadas de gente,con aquella música que taladraba los oído.Las dos chica se besaron,delante de Juliette. El corazón de Rosa se acelero cuando sus labios rozaron los de Dana,pero aquel aceleron no podría ni compararse al que vino después,cuando los finos labios de Juliette,recorrieron su cuello. Era algo que Rosa jamas había sentido,que el simple roce de unos labios la hicieran perder el control,demasiado extraño para que ella. Sin embargo lo que Juliette sintió no fue para menos,no dejaba de preguntarse que estaba haciendo al besar a la novia de su mejor amiga,a la que por cierto no parecía importarle.
Rosa se echo el pelo hacia atrás, no estaba asustada pero si impresionada terriblemente impresionada.Además de acelerada,nerviosa y por supuesto,caliente. Dana ni se inmuto en la evidente tensión que había entre sus dos amigas e inmediatamente después sus labios buscaron los de Juliette. Cuando se separo de Dana,Juliette huyo,se marcho a cubierta y allí encendió un cigarro. Apoyada en la barandilla,dejo que el humo llenara sus pulmones para despues expulsarlo lentamente,como le gustaba sentir la nicotina en sus venas. La brisa del mar le acariciaba la cara,mientras ella no dejaba de pensar que no hacia bien sintiendo lo que sentía por Rosa,aunque claro¿que sentía por ella?Rosa tenia claro que necesitaba a Juliette,lo que sentía por ella era demasiado como para una simple atracción,pero ¿sería mutuo?
No sabían que iba a pasar esa noche en la habitación del crucero,en la cama de matrimonio que tenían que compartir las tres. Dana si sabia que iba a pasar. Dana no durmió en su habitación aquella noche...

Una vida normal¿es demasiado?

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Son las 6:00 de la mañana, nuestra fría ciudad le da la bienvenida al nuevo día con una temperatura que se mantiene como siempre, no por encima de los 15º.La niebla cubre nuestras calles y la humedad empaña nuestros cristales. Y ahora damos comienzo las noticias del mundo…

La aguda y gritona voz del locutor de radio me despertó, ¿es que nadie podía dormir bien un lunes?-me increpe a mi misma-espera, Rose ¿un lunes? ¿Por la mañana? ¡El trabajo! Maldita sea lo había olvidado.
Tras unos minutos de insultos hacia mi persona, me levante a toda prisa para vestirme como pude, con una camisa, mal planchada, blanca y unos vaqueros antiguos. Decidí no desayunar y cogí rápidamente mi libreta. En dos minutos estaba bajando las escaleras a trompicones,mientras recordaba porque había alquilado un piso en un maldito edificio sin ascensor.Salí del edificio cogí mi moto,una Scooter normal y corriente, y salí rápidamente de la calle. Afortunadamente no encontré mucho trafico y en menos de media hora ya estaba aparcando en la puerta de la consulta.
Entre y, por suerte, aquí si había ascensor, subí al ultimo piso,donde se encontraba la consulta,entre y me senté en mi mesa.Era un ático grande,luminoso con cristales por toda la parte que daba al Este. Mi jefa salió a recibirme con una media sonrisa,yo no había llegado tarde pero por el pelo que llevaba y la ropa,evidentemente suponía que casi podría haberlo hecho.
-¿Qué horas son estas,Rosalie?-me dijo,aunque tenia un evidente tono de broma-¿Y como me vienes así vestida?
Trague saliva mientras un tono,rojo como la sangre, subía a mis mejillas, Rowan…quiero decir,la señorita Newton, mi jefa,siempre me había fascinado,como persona y como mujer.Era alta, con una media melena rubia oscura, morena de piel y con unos ojos de un color esmeralda que,cuando nos quedábamos con papeleo hasta altas hora de la noche, daban miedo.Por otro lado era fuerte,segura de si misma,culta,amable y buena oyente,como se puede esperar de una psicóloga.
-Disculpe,señorita Newton-le dije con un hilo de voz,no estaba asustada pero si cohibida,muy cohibida-.No sonó mi despertador.
Me peine un poco el pelo con los dedos y me hice una coleta,dejando que los mechones de mi flequillo colgaran libremente por los lados de mi cara.Baje la vista al teclado de mi ordenador y me puse a teclear rápidamente y con precisión para informar a Rowan sobre su primer paciente.Esboce una media sonrisa,muy leve cuando le encontré.
-Margaret Jackson,de 45 años,posibles traumas infantiles-le dije sin arriesgarme a mirarla ya que no quería que me viera enrojecer otra vez-.Vendrá dentro de 5 minutos.
-Perfecto,Rosalie.Muy bien-me dijo como premiandome. Imprimí los informes de la paciente y se los di,cuando los cogió nuestras manos se rozaron apenas unos segundo,provocandome un suave escalofrío en la columna.Se sentó en mi mesa y empezó a leer los papeles,sin dejar de asentir.
Me fije en su postura,segura,con una pierna medio apoyada en la mesa,las gafas bajas,sobre la nariz y una mano en el bolsillo del culo de la pierna que tenia apoyada en el suelo...






.: La Ladrona de Palabras :.

Destellos en la oscuridad...

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La habitación relucía en destellos flamígeros. Pude notar su presencia adentrarse en el cuarto. Me encogí y sin poder evitarlo, un suave y agradable escalofrío subió por mi espalda. Él me miró fijamente, parado en la puerta, con esa media sonrisa suya tan hechizante. Marco sabía que su presencia me ponía nerviosa, y aquello le divertía. Hice un gesto con la cabeza, indicándole que se sentara, y así lo hizo, se acercó a mi cama con esa gracia felina que tanto le caracterizaba y se sentó a mi lado, pasándome uno de sus fuertes brazos por los hombros. Suspiré y me abracé a él, apoyando la cabeza en su pecho marmóleo. Me miró y se sonrío de nuevo, de manera muy sugerente y por fin, habló dulcemente:
-¿Me echabas de menos, criatura?-preguntó aunque ya sabía la respuesta-.
Solté una risita nerviosa y cerré los ojos, respiraba entrecortadamente y asentí levemente, era incapaz de hilar dos ideas seguidas debido a su presencia.
-Muchísimo-respondí con voz suave-¿Y tú a mí?
Lo sentí reír, no por que lo hiciera en alto sino por el suave movimiento de su pecho. Sonreí yo también, más relajada y le abracé más fuerte.
-Más que a mi propia vida-me respondió con su melodiosa voz, era tan suave su pecho, tan suave su tacto, que abrí levemente los ojos y alcé la cabeza, dejando sus labios rozando los míos-¿Sabes que me vuelvo loco por matarte?-preguntó divertido, volvió a reír suave e imperceptiblemente. Sus labios se pegaron más a los míos, sin dejar de sonreír-.
-Sí que lo sé-respondí segura, a pesar de que mi instinto y mi sentido común, escaso pero semi-presente, no opinaban igual-y no me importa.
Le besé de nuevo, rodeando su cuello con mis brazos y pegándome más a a él. Marco sonrió y respondió al beso durante uno escasísimos segundos, después se separó de mi y me miró con un sádico gesto en su perfecto rostro.
-Acabas de firmar tu sentencia de muerte-dijo en un susurro antes de clavarme sus blancos y afilados colmillos en la piel del cuello-.
Mi cuerpo estaba en tensión, de mis ojos brotaban un par de lágrimas y me iba quedando seca, había caído en su trampa mortal. Noté que se separaba de mí, como a regañadientes, y me dejaba suavemente en la cama tumbada.
-Te lo advertí, criatura, no me creíste-dijo con frialdad absoluta-y ahora estás muerta.
Reí con las pocas fuerzas que me quedaban y le miré fijamente mientras mi vista se volvía borrosa y rojiza por culpa de la muerte y el lloro.
-Te equivocas, vampiro-le dije con cierto matiz de desprecio-ya me habían matado antes de que tu aparecieras.
Él se rió más fuerte y se sentó junto a mi cuerpo, el cuál lentamente iba cediendo ante el peso de la muerte, y me acarició el pelo, casi con ternura sin parar de sonreír, divertido.
-¿Crees que te he matado?-me susurró al oído con indiferencia-No sabes nada, pero ya aprenderás, criatura. ya aprenderás…
Lentamente, sentí que se separaba de mí y se iba, con el mismo sigilo con el que había entrado, y sobre mí iba cayendo suavemente el oscuro, pero también dulce, manto de la muerte esperada.
Al cabo de unos minutos, sentí unos brazos cogerme y sacarme de mi habitación, también sentí el frío viento, con minúsculas gotas de agua, golpeando suavemente mi cara y mi cuerpo. De repente sentí mi cuerpo arder como si miles de cerillas se apagaran en mi piel y caí en la inconsciencia.

Desperté en una oscura y húmeda habitación, desconocida para mi.
Noté que mis miembros estaba entumecidos, abrí los ojos lentamente y me asusté, todo era demasiado perfecto, demasiado nítido podía distinguir a la perfección las motas de pintura de la pared. Miré a mi alrededor y me levanté de la mullida cama en la que me encontraba, me dirigí hacia una puerta y, antes de abrirla me di cuenta que veía a la perfección a pesar de la total oscuridad que reinaba. Suspiré y abrí la puerta.
La luz me inundó y pude distinguir que estaba en una especie de mansión antigua, a mi lado, al igual que frente a mi, había una puerta, en cambio a mi izquierda había un pasillo, lo atravesé y me encontré con una escalera, bajé y ví a un ser como Marco, estaba sentado, tranquilamente, en un sillón y leyendo un libro que parecía antiguo.
Me acerqué a él, precavida e insegura.
-¿Quién eres?-exigí saber, intentando que el temblor de mi voz y de mi cuerpo no se notara. Me puse delante de él y le mire fíjamente-.
Cerró el libro y me miró de arriba abajo, mientras dejaba el libro sobre una mesilla que había a su lado.
-Veo que ya has despertado, pequeña-me dijo con una media sonrisa, tan sexy como la de Marco-Soy William Masen.
Inclinó la cabeza a modo de saludo y yo hice lo mismo.
-¿Qué ha pasado?-le pregunté sentándome lentamente a su lado, mirándole a los ojos. William me transmitía confianza y no sabia el porqué-¿Dónde estoy?
Suspiró y me miró, también a los ojos, con una extraña mueca en la cara, entre comprensión y cansancio pero sonriendo.
-Muy sencillo, pequeñaja-dijo mientras reía entre dientes-,un vampiro te convirtió, creo que sin querer, y te dejó donde estabas creyéndote muerta.
Él se rió divertido y se estiró como un gato, sin dejar de sonreír.
-El olor de tu sangre me llamó la atención y me acerqué a tu casa, vi que te había convertido y te traje aquí, a mi hogar-río un poco más y se pasó una mano por el pelo-.
Los dos estábamos en silencio y me paré a observarle mejor, era guapo como, según había leído todos los de su raza. Tenía el pelo negro, muy oscuro, que contrastaba con su palidísima piel, por el contrario, sus ojos eran azules con pequeñas motas doradas, definitivamente era un ser muy hermoso.



Por siempre vuestra,

La ladrona de palabras.